De camino al Museo nos dimos de cara con la fábrica de Guinness.
Tranquilos, ya estoy organizando la visita.
La verdad es que fuimos bastante gente, entre ellos Jesús, Karine y Fátima. Sólo nos dio tiempo a ver una de las plantas del museo, que fue toda aquella destinada a las guerras que tuvieron lugar en Irlanda o en las que el ejército irlandés prestó ayuda.
Según Jesús, la fachada del Museo Nacional es muy parecida a la de la Universidad de Gijón, pero como yo no he estado, no lo puedo asegurar.
El hall del Museo tiene, además de recepción, la tienda de regalos y bastantes estandartes con las plantas y exposiciones que tiene en el interior.
Una vez dentro las salas hacían el recorrido cronológico de las guerras que se sucedieron a lo largo de la historia de Irlanda. En algunos lados, los objetos expuestos ponía que habían sido donados por familias en las que alguno de sus miembros habían participado en dichas guerras.
También había uniformes y cascos de combate, además de objetos referentes a la guerra.
¿A qué parece de verdad? Pues nos metimos más de un susto viendo a gente estarse quieta y de repente empezar a moverse. Idiots.
Había también una sala dedicada a La II Guerra Mundial. Algo que me llamó la atención fue que sólo una familia judeo-irlandesa fue asesinada en Auschwitz; ningún otro irlandés murió en los campos de concentración.
Cuando acabamos la visita, cada uno se dispersó para volver a su casa. Nosotras (y por nosotras me refiero a Laura y a mí) nos fuimos con la monitora hasta Temple Bar Square, ya que desde allí sí que sabíamos volver. Por el camino nos encontramos con Stan y Nina (demasiado juntitos veo yo a esos dos...) y en cuanto llegué a casa no me apetecía otra cosa más que cenar y dormir.
Siento no haber estado escribiendo estas 48h, enseguida me pongo al día.
Bye! xxx
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