Pues bien, como dice el título de la entrada, ayer visité la Fábrica Guinness, la cual mola un montón, trust me. Por la mañana *voces de fondo: como sieeeeeeeeempre* fui a clase y estuvimos hablando de ir todos a visitar la fábrica. En teoría íbamos a ir todos, aunque sólo en teoría, porque al final se rajaron Jesús, Nina y Alice. Pero bueno, ellos se lo perdieron. Javi acabó dios-sabe-donde, así que la visita la hice con Stan, Tanguy, Susana, Miguel y Laura.
De camino a la fábrica pasamos por delante del famoso bar The Bleeding Horse.
Habrá que ir...
En fin, cuando llegamos lo primero que vimos fue caballos, caballos everywhere, tirando de carruajes, y te podías montar y dabas una vuelta a la fábrica, en plan a la antigua usanza.
Eso sí, pagando.
El caso es que una vez que estás en el recinto ves el gran cartel *música de victoria de fondo*
Esperad, que lo pongo más cerca.
Así mejor.
Bueno, pues cuando entramos, el hall es como una especie de bodega/cuadra y tiene pantallas que hacen de ventanas y parece que hay gente fuera, con su sonidos y todo. Muy real, sí sí.
Mientras esperábamos estuvimos viendo los anuncios de Guinness, y la verdad, pasamos muy buen rato.
Por cierto, para que vayáis poniendo caras a la gente, y no sólo a Laura, por supuesto.
Éste es Stan. Demasiado francés, ¿verdad?
Y éste es Tanguy. También francés. Pero a este no se le nota.
El caso es que con la entrada te dan una Guinness gratis para que te la tomes después. Muy amables.
Cuando se entra lo primero que se ve es este cartel:
Qué poético.
Después se suben unas escaleras mecánicas y hay un hall enoooooorme, dónde también está la tienda de regalos. En el centro del hall hay un círculo de cristal blindado, alrededor del cual nos tuvimos que situar para que el guía nos contase un poco así por encima la historia de la Guinness (luego la visita la hicimos por nosotros mismos)
Dice:
'Este es el contrato de arrendamiento de 9000 años firmado por Arthur Guinness en 1759'
9000 años. Nah, se pasan rápido.
Luego, piso por piso, te van explicando el proceso de fabricación de la Guinness. Los cuatro ingredientes básicos son lúpulo, cebada, levadura y agua, y luego lo que le quieran añadir.
Cuando entras en la primera planta ves un recinto lleno de semillas de cebada. Un puñadito de recuerdo.
También había información escrita en las paredes, y como no me daba toda, pues tocó un minivídeo.
Siento el ruido de fondo.
Además me llamó la atención que el lúpulo crezca únicamente en dos regiones del mundo: en el norte y en el sur del ecuador, ya que la temperatura que necesita oscila entre los 35º y los 55º.
La siguiente zona era la del agua, pero lo curioso de todo es que la fuente dónde había una cascada de agua la gente tiraba monedas en plan Fontanna di Trevi.
Pero esperad, ¿no veis algo raro en la foto? ¿Concretamente en el agua?
¿Mejor ahora?
Un billete de un dólar. De un maldito dólar. A los yankees se les va demasiado.
En fin, la siguiente sala hablaba del señor Arthur Guinness, un hombre con bastante pinta de buena gente. Los irlandeses tienen muy claro que, sin este bonachón, no tendrían su preciada cerveza.
Después de este momento taaaaan emotivo, el recorrido nos llevaba a una sala donde te podías tomar una Guinness. Sí, ya la he probado y hay prueba. Pero no me gusta nada. Muy amarga y la sirven templada, y a mi las cosas frías, por favor.
Esa es mi cara de concentración. Luego vino una llena de aspavientos y arcadas, seguida de una cara de asco impresionante. Tendría que haber hecho el antes y el después.
Después de salas llenas de nada en especial, llegamos a una especie de galería con todos los botellines, vasos, latas, chapas, y demás cosas sobre la Guinness. Era curioso ver cómo cambiaban las botellas, vasos y latas a lo largo del tiempo; cada una tenía un diseño diferente.
Y, como no, su preciada arpa, símbolo nacional.
Una vez acabado el recorrido la última planta es un bar-mirador. Las vistas son impresionantes; se ve todo Dublín. Eso sí, estaba hasta arriba de gente, así que sólo pude fotografiar la parte norte.
Dan miedo las nubes, ¿verdad? Pues eso no es todo.
Si cuando os digo que me llueve a mares no lo digo exagerando.
¡Por cierto! ¿Os acordáis de la foto que publiqué el día que fui a ver el Museo Nacional? ¿En la que se veía la fábrica de Guinness? Bueno, pues ahora tengo la contraria.
En la que se ve la fachada del Museo Nacional.
Después de visitar la fábrica, Laura y yo tuvimos que volver hasta el centro de la ciudad a patita, lo cual nos llevó entre 30 y 40 min. (nos perdimos, ¿vale?) y como no nos daba tiempo a cenar en casa, avisamos y nos fuimos a un sitio que ya tenemos fichado en Temple Bar Square en el cual por 2'50€ te ponen una porción de pizza que equivale a la mitad de una pequeña de esas de Casa Tarradellas, de las congeladas. Qué empacho.
En cuanto volví a casa, llamé a mis padres, me duché y a dormir, y hasta esta mañana. De verdad que no puedo con mi alma, los días se me hacen muy cortos, las horas se pasan volando y no tengo tiempo apenas para nada. Esto es muy raro.
En fin, espero que esta entrada compense las anteriores, porque apenas he escrito nada en los últimos días.
Bye! xxx
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